miércoles, 23 de marzo de 2011

EDUCAR DESPACIO

El movimiento "slow" se traslada a la educación y propone a padres y docentes respetar el ritmo natural de aprendizaje de los niños.

La educación se acelera: un ritmo rápido, unos objetivos a corto plazo y una cierta presión, afectan a los resultados académicos
Se cree en "Educar más y más deprisa con la finalidad de educar mejor. Sin embargo, las consecuencias no son satisfactorias tanto a nivel académico del alumnado como a nivel del profesorado.
La propuesta "slow"
Frente a esta situación, los defensores del movimiento "slow" reivindican una educación más flexible, basada en el sentido común. Lo que realmente importa es aprender bien y asentar los conocimientos con un ritmo apropiado.
El "slow school" o "slow education" apuesta por métodos de enseñanza más eficaces y estimuladores para los alumnos, que atiendan a sus características particulares y modos de aprendizaje. Una de las ideas es evitar la obsesión por la educación precoz y adelantar contenidos académicos en niños que están en edad de aprender, jugar y desarrollarse en otros aspectos no intelectivos.
Así bien, esto se identifica muy bien con los principios básicos del naturalismo pedagógico de Rosseau: creencia en la naturaleza; naturalismo aplicado a la educación, orientación de la creciente capacidad del niño por encima de un programa de estudios, la educación se entiende como una creación libre que el espíritu humano hace de sí mismo (idealismo), los sentidos serán la fuente más decisiva para la creación y para el arte (romanticismo), creciente sentimentalismo. Sensibilidad por los valores humanos y estéticos e inquietud por los problemas sociales, como la pobreza, enseñar por el interés natural del niño y nunca por el esfuerzo artificial, de ahí resulta que sigan vigentes sus postulados de abandonar todo antes de fatigar al niño y de desgastar su interés inútilmente, siendo preferible que aprenda poco a poco, a que haga algo en contra de su voluntad y libertad, educación activa o auto activa, es la ventaja de aprender por nosotros mismos, pues no debemos de acostumbrarnos a una servil sumisión a la autoridad de los demás, sino que, ejercitando nuestra razón, adquiramos cada vez más ingenio para conocer las relaciones de las cosas. Con un aprendizaje acelerado lo único que conseguimos es anular la creatividad del niño y luchar contra el aprendizaje natural propio de su edad.    
"Slow parenting": todo empieza en casa, puesto que los padres son los primeros que fomentan el aprendizaje acelerado de sus hijos con un “bombardeo” de actividades extraescolares.
Los progenitores planifican el tiempo de sus hijos hasta el último detalle
Honoré critica la cautividad a la que se somete a la infancia y a la juventud con esta excesiva planificación, no exenta de supervisión por parte de los progenitores. Los denomina "padres helicóptero", ya que planean sobre sus hijos de modo que "asfixian su capacidad de decisión, la conexión con su interior y la inmadurez". Este control milimétrico de su tiempo, afirma el periodista, elimina la posibilidad de disfrutar de momentos de "libertad" para jugar, inventar, descubrir, sufrir contratiempos, o aburrirse, "sus vidas se convierten en extrañamente sosas", concluye.
Algunas de las pistas que Honoré y otros especialistas aportan para conseguir ralentizar el ritmo y permitir que, tanto padres como hijos, disfruten de su evolución de una forma más pausada, coinciden con la teoría del aprendizaje naturalista de Rosseau y las ideas de H. Wallon:  
  • Apostar por el juego sencillo, básico y desestructurado como herramienta de aprendizaje. Jugar e inventar actividades con un simple trozo de cartón o un cajón de arena, buscar bichos o dibujar es más beneficioso para su desarrollo cerebral que muchos de los juegos actuales más sofisticados o tecnológicos.
  • Conseguir despertar en los niños la pasión por aprender, descubrir y sentir curiosidad por las cosas les ayudará más en el futuro que obligarles a adquirir antes de tiempo un exceso de conocimientos.
  • Confiar en su capacidad como padres, sin acudir de modo constante a manuales y libros que explican cómo deben educar a sus hijos. Ellos son quienes mejor les conocen.
  • Pasar más tiempo con los hijos, tiempo de calidad y sin prisas que proporcione, tanto a los padres como a los niños, la oportunidad de conocerse mejor y aprender unos de otros.
  • No intentar llenar los espacios "vacíos" de los niños con actividades planificadas, ser más flexibles y liberarles del estrés al que se someten muchos de ellos. Los hijos tienen que ir a su ritmo, no al de sus padres.
  • Respetar la infancia y no intentar que los niños se conviertan en adultos antes de tiempo.




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